Viernes 12 de Marzo
Alfredo Jaar habla de su obra para el Museo de la Memoria
Domingo, 13 de Diciembre del 2009
"Todos los chilenos hemos perdido algo. Esta obra es la tumba de esa pérdida", dice el artista chileno con mayor resonancia en el mundo.
Romina de la Sotta Donoso
Romina de la Sotta Donoso
Desde enero, por fin existirá una obra permanente en nuestro país del artista chileno vivo con mayor resonancia a nivel mundial. "La geografía de la conciencia", donde Alfredo Jaar (1956) aborda las dos grandes temáticas que ha trabajado en su notable carrera internacional: los derechos humanos y la pretendida veracidad de las imágenes.
Y si en la Bienal de Venecia impactó con los mineros de Serra Pelada, Brasil ("Gold in the morning", 1986), si le dio después un rostro infantil a la matanza de Ruanda ("El silencio de Nduwayezu", 1997) o nos puso en los zapatos de Nelson Mandela al cegarnos con luz ("El lamento de las imágenes", 2002), ahora su propósito es crear memoria sobre las víctimas de la violencia del Estado chileno."La sociedad chilena fue fuertemente marcada por el quiebre democrático y la dictatura militar; para la gran mayoría, fue un trauma. No se puede entender el Chile de hoy sin incorporar la memoria de ese periodo tan doloroso, tan decisivo. Nuestro país tiene el deber ético de entregarles a las próximas generaciones esa memoria y esa experiencia asumidas, procesadas, y ojalá resueltas. Lamentablemente, aún no estamos en esa etapa, pero crear y construir un Museo de la Memoria y los Derechos Humanos es un paso positivo", reflexiona.
"La geometría de la conciencia", su obra, se emplazará en la Plaza de la Memoria, frente al Museo de la Memoria. "Aquí, más que nunca, el contexto lo es todo. Es uno de los más grandes desafíos de mi carrera, como artista y como arquitecto. El programa que yo me di para este proyecto era muy simple y claro: si el Museo de la Memoria es la historia, mi obra será sólo un poema", dice Jaar.
Como un gran volumen translúcido y suspendido sobre dos pies, así asume Jaar al museo: "Mientras el museo prácticamente flota, mi obra se hunde en el pavimento y desaparece bajo el piso. En la superficie de la Plaza de la Memoria sólo aparecen unas gradas que invitan a bajar a casi seis metros de profundidad". Aunque ambas construcciones compartirán su textura y materialidad -de hormigón en bruto-, igual contrastan. "El museo es transparente; mi obra es opaca al punto de invisibilidad. El museo tiene una escala importante de espacio cívico público que recibirá a masas de visitantes; mi obra tiene una escala íntima, muy modesta, y se controlará muy estrictamente la cantidad de visitantes".
"El museo -sigue Jaar- tiene un programa muy complejo y prácticamente enciclopédico sobre lo que ocurrió durante la dictadura. Ya que esto me libera de toda responsabilidad de informar, me sentí libre de crear una obra autónoma, independiente, que ofrezca una experiencia distinta a la del museo, tal vez mas lúdica, ojalá poética. La idea central que quiero sugerir es que con la dictadura, todos hemos perdido algo. No quiero individualizar a los detenidos desaparecidos y sus familiares y marginalizarlos en su dolor como lo hacen los memoriales tradicionales. Aquí los quiero integrar a una narrativa colectiva, y también incorporar físicamente al espectador. La obra es modesta en escala, pero su programa es muy complejo y ambicioso".
"El arte que no es político es decoración", ha dicho Jaar. Y su apostolado es en serio. Ha denunciado que las imágenes, lejos de ser veraces, sólo son verosímiles. Y lo ha hecho valiéndose de los recursos visuales de la publicidad, como los avisos incandescentes.
"Hoy vivimos una realidad lamentable: la verdad está disociada de la imagen. Nunca había habido tantas imágenes circulando, y nunca las corporaciones y los gobiernos las habían controlado tanto. Por otro lado, las imágenes que nos asaltan día a día no son inocentes, fueron creadas por expertos en comunicación con objetivos muy precisos. Para complicar aún más las cosas, si de imágenes se trata, somos todos analfabetos, no sabemos leerlas. Y las imágenes no son inocentes. Por esto, he decidido no incorporar imágenes fotográficas en este proyecto, sino que utilizo principalmente la luz como estrategia comunicativa", revela.
"La geometría de la conciencia" no puede contemplarse, sino sólo recorrerse. Por dentro. A nivel suelo, la anticipan unos escalones. Luego uno se sumerge seis metros bajo tierra. Son tres cubos espaciales consecutivos, de 4,6 metros de arista, los que guían esta inmersión por etapas. Una después de la otra, a medida que avanza la penumbra. Hasta llegar a la oscuridad absoluta.
"En el tercer y último espacio de mi obra, el espectador será iluminado por nuestra historia. Iluminado físicamente, pero espero que también histórica, conceptual y emocionalmente", adelanta Jaar.
-Su obra recuerda el recorrido ritual en templos faraónicos. ¿Es una cripta?
"El concepto principal de esta obra es que todos hemos perdido algo. Esta obra es la tumba de esa pérdida. Pero aquí no se pasa de una vida a otra, sino que más bien sugiere un nuevo modelo de pensar nuestra vida como chilenos. Un modelo que propone una experiencia que Cioran llama una armonía contradictoria".
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FECHAS
El museo ubicado en Matucana será inaugurado la primera quincena de enero.
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"La geometría de la conciencia" Arquitecto asociado en Chile: Jorge Dalmazzo. Constructora COMSA de Chile S.A. (Jaqueline Chong, Fernando Bou) y Constructora Basco S.A. (Carlos Bascou, Franco Curotto).

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