Tres mundos incomparables se han reunido en la galería Patricia Ready, mundos tan heterogéneos como enriquecedores. Una tríada aparentemente sin nada en común más que el arte. Un imperdible por estos días en Santiago. A Felipe Cusicanqui le interesa la pintura como objeto, por eso experimenta con el cartón como soporte. Salvador Amenábar pinta bares y plasma escenas dramáticas de una realidad dramática. Ricardo Tzichinovsky usa la fotografía en blanco y negro para mostrar la religiosidad oriental.
Magaly Arenas Zapata
Salvador Amenábar: Marginalidad pesante
La exposición de Salvador Amenábar atrapa por una serie de aspectos que parecen contradictorios, pero que al final no lo son. Captura por su oscuridad y por su luminosidad, por la sordidez y por la alegría, por la soledad y por las aglomeraciones. Hay un tránsito de lo figurativo a lo abstracto.
Amenábar pinta a gente de tugurios, de bares de vagabundos. De personas que transforman esos lugares en su hogar. "Son escenas dramáticas porque es una realidad dramática; trato de que pictóricamente sea luminoso, darle un enfoque positivo''.
-Es inevitable pensar en Goya al ver tus obras...
"Sí, es un referente inevitable para mí. Cuando partí esto era un homenaje a él, es un referente importantísimo pero hay otros. Dicen que están las bailarinas de Degas, hay ciertas referencias a la historia de la pintura, que se pueden descubrir".
-¿Y te gusta que las descubran?
"Sí, encuentro interesante la cita en la pintura. El pintor se hace también en el museo, no sólo de la contemplación del natural".
-¿Qué pasa cuando pintas in situ en el bar?
"Pasan muchas cosas, es un espectáculo, pero me mantengo al margen, soy como un robot que pinta, no comparto tragos con la gente, el lugar es muy fuerte. Sí tengo contacto con ellos en la calle porque los veo al lado de mi taller".
-¿La gente se molesta o le gusta que pintes ahí?
"La mayoría me apoya, pero hay un par que me odia. Igual molesto porque el bar es muy chico y lo empapo con trementina. El lugar es muy hediondo, es fuerte entrar ahí, son realidades marginales, es un tema pesante, a veces se me ha hecho pesante en mi vida".
-¿Y por qué optaste por un tema que te abruma?
"Me cautivó la atmósfera de estos sucuchos, el colorido, la puesta en escena, las naturalezas muertas que hay en las mesas. Es una atmósfera cargada, pero hay una puesta en escena única, sugerente, donde nadie posa".

Felipe Cusicanqui: el vigor de lo precario
Hace un tiempo que está fascinado leyendo a Whitman, oyendo a Violeta Parra y ahora último se ha interesado por el poema "The wanderer". Le encanta Jesús Soto, de hecho en su trayectoria Cusicanqui ha hecho un guiño a lo cinético.
-¿Por qué eliges soportes tan singulares como el papel de diario, cartón, mimbre, adobe?
"Siempre he experimentado porque me interesa el volumen en la pintura, la pintura como objeto. Me interesa buscar un soporte que tenga un significado potente".
-¿Y la precariedad que transmite el soporte?
"No me preocupa. De hecho, Picasso hizo unas guitarras en cartón hace casi 100 años y gozan de perfecta salud en los museos. De todas formas, las cajas están impermeabilizadas para endurecerlas y para que no se humedezcan".
-A diferencia de otros artistas, tú crees mucho en la inspiración, ¿cómo la encuentras?
"Trabajo con lo que encuentro -no salgo, no viajo con ideas preconcebidas- y me gusta encontrar-me. En ese sentido, la inspiración aparece cuando estoy tranquilo, apago el celular, pongo buena música, me baño en la piscina, hay muchas fórmulas para desconectarme y conectarme conmigo y ahí surge la inspiración. Lo racional viene cuando compruebas que esa inspiración dice relación con tu trabajo anterior, como una posta".
-¿Cuál es el momento más placentero de tu labor?
"Cuando estoy pintando y me quedo como en un trance, no puedo creer lo que está pasando. ¡Ese minuto es maravilloso! Porque sientes que no hay nada más importante en el mundo y no importa nadie y nada, es como bailar, como el sexo. Y cuando uno no siente eso, se frustra, hay que parar, tirarse a la piscina, irse a viajar".
-¿Por qué optaste por un formato tan grande? ¿El tamaño te importa?
"Sí importa porque tiene que haber una escala con el espectador. Si uno hace un paisaje como la Capilla Sixtina estás dentro del cuadro, si haces algo chico el cuadro se objetiva. Estás hablando de otras perspectivas, de otra manera de entrar al ojo, que si fuera una persona de tamaño natural o más grande. En esta exposición mi idea es que la gente se sienta adentro. Busco un equilibrio entre la fealdad y la belleza, lo complejo y lo simple".
Ricardo Tzichinovsky: Más que fotografía étnica
Aunque viene de las finanzas, Ricardo Tzichinovsky es un apasionado de la fotografía. No vive de ella, pero sí para ella. Es una pasión que roba mucho de su tiempo. Por eso y por su constante búsqueda de perfección, sería mezquino hablar de afición.
Tzichinovsky ha hecho la ruta posible en Chile de un amante de la fotografía: Bob Borowicz, Fotocine Club, Javiera Infante y Luis Poirot. Y luego fuera del país, con William Giles, Joel Meyerowitz y Paul Caponigro. De la fotografía lo que le interesa es la luz y por eso ha optado por el blanco y negro.
Ha visitado muchos países pero no en todos ha tomado fotos que merezcan mostrarse, según su criterio. Tuvo intentos fallidos en India, Marruecos e Israel. Un éxito fue Nepal, motivo de su primera exposición, y ahora Bhutan, el reino que para algunos es Shangrilá, el paraíso perdido, considerado el pueblo más feliz del mundo.
"La exposición habla de la religiosidad cotidiana en el Oriente. Cómo las personas incorporan la religión a su día a día. No se meten a un recinto para entrar a lo religioso, sino que está mientras caminan, en lo alto de las montañas, en las banderas de oración''.
"Como me meto en la intimidad de cada persona fotografiada, quiero que la persona que está al frente se acerque para que así se reproduzca esa intimidad''. Por eso el fotógrafo optó por un formato pequeño (28 x 35 cm) para sus fotos tomadas con cámaras análogas.
Exposiciones Hasta el 22 de noviembre: