ENTREVISTAS
Premio Nacional de Arte 2009: La arriesgada y original escultura de Federico Assler
CECILIA VALDÉS URRUTIA
TALLER En un amplio espacio, Assler sigue trabajando con los mismos retos. Y lo hace frente a los cerros del Cajón del Maipo, que lo condicionan. Al fondo, en blanco (en aislapol), su reciente y emblemática obra para la Clínica Santa María.
Viajamos hasta su sorprendente taller-parque-museo en el Cajón del Maipo, ubicado en el poblado La Obra, en el callejón de Las Caracolas. Donde frente al río y las montañas, cerca de 300 esculturas suyas se despliegan por explanadas y graderías; todas hechas en hormigón, todas con texturas y pigmentos de colores. En el interior de su museo, están sus piezas desde los años 60, con algunas de sus maquetas y sus vigorosos dibujos.
Federico Assler está radiante. No se convence del premio. "Estaba preparando la maleta para partir al sur esa noche. Pero me llamó la ministra de Educación, Mónica Jiménez, para decirme que había ganado el Premio Nacional de Arte. Pensé en una broma. No sospechaba que estaba nominado o que tendría la posibilidad. Años atrás me había hecho la esperanza, pero hace tiempo que ya no soñaba", confiesa a "El Mercurio".
FUERZA En las formas verticales de muchas obras -reconoce el artista- está la presencia de lo masculino, de lo fálico.
Todos los escultores lo llamaron para felicitarlo y, también, otros grandes artistas, como Ricardo Irarrázabal. El mundo del arte y de la "escultura-escultura" estaba de fiesta. Había ganado un gran artista, que lleva 60 años en ello y 40 en el volumen, con una obra en la que incorpora el dibujo, la pintura, el collage , e incluso la construcción.
Assler (1929) creó una nueva y difícil técnica escultórica en hormigón. Varios de sus trabajos los hemos visto o vivido, en parques y edificios públicos, en hospitales o calles: como en el Parque de las Esculturas de Providencia, del que fue su gran impulsor. "Mi interés siempre ha sido, desde que hice la obra para la Unctad y para la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Chile, conformar un espacio con obras escultóricas. Crear un lugar donde las personas se encuentren y se internen. Una zona que el público la use, sienta la escultura y sienta con el cuerpo la materia", nos cuenta.
Para Fray Francisco Valdés
MUSEO La ex hostería España, cuidadosamente reacondicionada (en el Cajón del Maipo), sirve de salas de exposiciones para la contundente obra de Assler
-Ayer cambió su pasaje a Pucón, pero igual parte al sur esta noche. ¿A qué va, en vez de quedarse celebrando?
"Voy a mirar nuevamente el lugar donde se emplazará el monumento a Fray Francisco Valdés Subercaseaux. Porque voy a participar en ese concurso y ¡quiero ganar! Visitaré de nuevo esa zona (cercana al lago Caburga) para tener más seguridad de hacer algo que corresponde al sentir. Quiero vivirlo bien. La idea es generar un lugar en el que pueda desarrollarse hasta una pequeña misa. Está ubicado camino a Argentina, y se une mucho a Fray Francisco, porque él esculpió un Cristo en la frontera: fue también un muy buen escultor. Y me apasiona esto de crear un lugar en medio de la naturaleza, de ríos y montaña. Poder hacer un sitio que sea glorioso, didacado a ese gran hombre, un fraile que andaba de "ojotas". La idea es proyectarlo todo en hormigón con color, y además hacer en hormigón los pisos, el suelo...".
-¿También está preparando una muestra para el Bellas Artes ?
"Sí. En 1969 empecé con la escultura, con unas experiencias con madera, que las expuse ese mismo año en la Sala Chile del museo. Vuelvo ahí mismo, 40 años después, en octubre. En la muestra se exhibirá el video de esa inauguración, con Roser, Nemesio. Y expondré sólo esculturas, nada de documentos. No será una retrospectiva, sino un conjunto de ciertas obras importantes: se trata de decir 'esto fue y ahora está con estas otras piezas'. Además, voy a hormigonear, afuera del museo, una misma obra que exhibiré en el interior en su versión liviana".
Su proceso a ciegas
-Usted inventó esa difícil e inédita técnica escultórica para trabajar el hormigón, que usa hasta hoy.
"Siempre he dicho que uno, como artista, tiene que encontrar una manera propia, única de hacer; y hay que dar con un material que uno lo transforme en su materia. Cuando estaba trabajando las esculturas en madera, un arquitecto me pidíó que estudiara cómo darle al hormigón una textura, una materialidad especial. Así empecé a experimentar. Recuerdo cuando puse el hormigón en los huecos que había hecho en el aislapol y, al día siguiente, vi aparecer la magia de la obra. Porque hice mucha obra en la cual sólo tocaba las formas, pero no podía ver el resultado, sino hasta romper el molde. Partí con esta técnica el año 70".
-Y sólo en los años 90 pudo empezar a ver, antes de terminar el proceso, cómo quedaría la escultura.
"Sí, en 1993-94 agregué un nuevo paso que me permite tener antes la misma forma de la escultura, en plumavit. Porque como trabajo con moldes, ahora ayudado por unas herramientas especiales empecé a ir cortando el aislapol en pedazos. Ahí salía la forma que tendrá la escultura antes que se ponga el hormigón".
-Lo que es clave para los proyectos.
"Sí. Especialmente para las obras por encargo. Ahora me aseguro algo más de que lo que va a surgir es lo que realmente quiero. Me da la posibilidad de presentarlo en otros formatos también y de cambiarlo. Como sucedió con mi proyecto reciente, inaugurado hace dos meses en la nueva Clínica Santa María. El que se relaciona con la muerte de mi hijo, en 2006, cuando él volvía, en bicicleta, de la Escuela de Arquitectura y lo atropelló un camión cementero, cerca de esa clínica. Fue un misterio: era un gran escalador y la bicicleta la dominaba. La obra que me surgió es como un crucifijo, ligado a la muerte de Benjamín... Pero los arquitectos cambiaron el muro que iba negro, de acceso. Entonces propuse este otro proyecto, que tiene algo de angélico, con una forma que parece volar. El color es un pastel cálido. La obra tiene 7,20 por cinco metros".
Díficil diálogo con la arquitectos
-Usted es de los contados escultores que trabaja con arquitectos. ¿Cómo se le ha dado ?
"Bastante complicado. Tengo muchos amigos arquitectos, pero el diálogo es difícil. Peleo bastante con ellos. Por ejemplo, en la Clínica Santa María me cambiaron el color del muro sin avisarme. Pero he trabajado mucho con la oficina Alemparte y Barreda. Hice mi primera obra con ellos: era un muro y después propuse todos los muros de la torre. Gané también el concurso para la Torre Interamericana, obra que se ve mejor en la noche porque la iluminan".
-¿Tiene también muchas otras obras integradas a la arquitectura. ¿Cuál le satisface más ?
"La del edificio Forum es una buena obra, con 120 paneles. Hice todo ahí mismo, lo que fue complicado. Y el edificio de la Interamericana me interesa: es todo de aluminio y cristal y yo quise meterle un trozo de montaña, para que el público al entrar allí se acuerde de la cordillera".
La montaña, las plantas, lo erótico
-A usted le importa mucho la geografía. El hecho de vivir y tener su taller aquí en el Cajón del Maipo, ¿cómo lo determina ?
"El lugar para mí es fundamental. Me influye mucho el entorno de las montañas en las formas demis obras, el cambio de la luz, el entorno vegetal".
-¿Se refiere a las plantas, las flores?
"Sí. Ese florecimiento y cambio vegetal que se da en las plantas me genera muchas veces la materia de las cosas que hago. Siempre quise que la escultura parta del suelo, como un árbol".
-¿Y cómo parte una de sus obras?, porque no se origina en un diálogo con la materia, como en tantos otros escultores, usted no tiene una piedra, una madera al frente...
"El primer paso es un misterio: surge o uno sueña una forma que quiere expresar. Y en unos enormes blocks voy anotando -en dibujos- mis pensamientos. El dibujo para mí es esencial. Lo necesito Porque hay escultores que sólo hacen dibujo técnico, como Francisco Gacitúa, y se lanzan con la materia. Mi obra nace en la cabeza y en el sentimiento, pero con dibujo. Y, en ocasiones, necesito expresarme con colores, que viene de mi época de pintor, por eso incorporo el pigmento en el hormigón".
-El ser humano está, de alguna manera, en sus formas abstractas. ¿Qué es lo que más le interesa del hombre y la mujer?
"Me importa mucho lo erótico. Para mí, eso es vida. En muchas obras, en las formas verticales está lo fálico, lo masculino. Y lo femenino, aparece en las formas horizontales. Acabo de hacer una escultura en Los Vilos, que es erótica, emerge".
-¿Y qué hay tras la saturación de texturas que realiza "magistralmente" -al decir de la crítica- en la superficie de todas sus esculturas?
"Es la piel de los árboles. Es la piel humana que puede ser más dura, en lo masculino; o más suave cuando hablo de la mujer. Si ve la obra de la Clínica Santa María, hay zonas más duras de relieve, mientras la parte central de la escultura es más suave en relieve. Muchos me han dicho que al verla, al ingresar al recinto í, los ha acogido. Les transmite esperanzas".
- Con su difícil técnica, ¿le han resultado obras fallidas?
"Muchas, quizá no en la totalidad, pero en los detalles. Para la obra en el Yorkshire Sculpture Park, en Inglaterra, donde hay esculturas de Moore y de los más grandes, tuve que trabajar sólo tocando el material, y hay una parte que no me satisfizo, pero ya estaba 'hormigoneada' entera. Era imposible hacerla de nuevo, tenía ocho metros, no había tiempo".
-¿Qué escultor ha sido crucial en su trayectoria ?
"Moore. Lo sentí durante muchos años como mi padre. Lo seguí. Vi obras suyas en los años 50, en Inglaterra, cuando andaba "buscándome". Pero lo que más me marcó es su sentido de ordenar materia en una obra. Él encontró su propio hacer. Y lo conocí: nos vimos, pero sin haber podido conversar. Pero le mandé una carta sobre una exposición suya que vi en Florencia. Le comenté que la mejor escultura era una que hizo en homenaje a Miguel Ángel. Moore me contestó la carta: me dijo que compartía mi apreciación, que esa obra era el centro de todo. Era una pieza de madera maravillosa que después, ya ido Moore, tuve la oportunidad de tocarla en su taller en Londres".
-Y de sus obras, ¿siente alguna como "centro"?
"Es difícil. Muchas de las esculturas que ves aquí las llamo 'mis experiencias'. Me cuesta decir: esta es mi preferida. Hay algo en una, otra cosa en otra. Es mi caminar".











