ENTREVISTAS
Iván Navarro: "Esto es lo mejor que te puede pasar en tu carrera"
Domingo, 07 de Junio del 2009
El chileno de los neones
Neón, video, espejos y conexiones eléctricas son los elementos que comenzó a explorar Iván Navarro en la Escuela de Arte de la Universidad Católica, antes de partir a buscarse la vida a Nueva York.
M.G.G.
"Es lo mejor que te puede pasar en tu carrera", responde Navarro cuando le pregunto qué significa que lo hayan invitado a representar Chile así, con pabellón propio de 300 metros cuadrados en pleno Arsenale, el antiguo astillero veneciano que cada dos años se transforma en el centro del arte contemporáneo mundial. "Anoche conversaba de esto con Alfredo Jaar", cuenta. "Él fue el primer chileno invitado acá, de hecho, fue el primer latinoamericano elegido para participar en la exposición internacional de la bienal. Ayer me decía que eso le había cambiado la vida y que ojalá me la cambiara a mí también".
Neón, video, espejos y conexiones eléctricas son los elementos que comenzó a explorar Iván Navarro en la Escuela de Arte de la Universidad Católica, antes de partir a buscarse la vida a Nueva York.
M.G.G.
"Es lo mejor que te puede pasar en tu carrera", responde Navarro cuando le pregunto qué significa que lo hayan invitado a representar Chile así, con pabellón propio de 300 metros cuadrados en pleno Arsenale, el antiguo astillero veneciano que cada dos años se transforma en el centro del arte contemporáneo mundial. "Anoche conversaba de esto con Alfredo Jaar", cuenta. "Él fue el primer chileno invitado acá, de hecho, fue el primer latinoamericano elegido para participar en la exposición internacional de la bienal. Ayer me decía que eso le había cambiado la vida y que ojalá me la cambiara a mí también".
CIERRE Hasta el 22 de noviembre se podrá visitar la Bienal.
Como él mismo precisa, su invitación es de menor jerarquía que la que recibió Alfredo Jaar en 1986, seleccionado por el curador de la edición para ser parte de la muestra principal. Pero lo de las jerarquías no cuenta tanto ahora que, gracias al ambicioso despliegue del Ministerio de Relaciones Exteriores y a un financiamiento conseguido a ambos lados del océano, Navarro tiene una posición inmejorable. Tras desembolsar medio millón de dólares, Navarro está a pasos de la muestra internacional: para cuando acabe la exposición, los principales curadores, directores de museos, críticos de arte y coleccionistas de arte contemporáneo habrán conocido sus extrañas y cautivantes piezas en neón. De ahí en adelante, todo puede ser distinto para este artista chileno radicado en Nueva York hace una década.
-Se te describe como el sucesor de Alfredo Jaar y de Juan Downey. ¿Lo crees?
"Es que eso de "sucesor" no me hace mucho sentido. Admiro el trabajo de ellos como artistas, pero eso es otra cosa. En todo caso, me siento más cercano a Jaar".
Iván Navarro. Su obra ha generado interés en la prensa y los visitantes.
-Se te presenta también como el artista chileno de "mayor proyección".
"No sé por qué dicen eso -alega, como si le ofendiese. Fue después de que le vendí una obra a Saatchi (afamado coleccionista británico, conocido por haber 'creado' a una generación de artistas ingleses). Desde entonces no hay periodista chileno que no me pregunte por eso, como si fuera tan importante. Hay muchos artistas de mi generación que exponen fuera frecuentemente: Patrick Hamilton, mi hermano (Mario), el Mono Silva. En Nueva York siempre hay alguien exponiendo, pero en un momento les dio con darme bombo a mí y desde entonces no ha parado", dice, ajeno al entusiasmo que provoca su obra y que determinó, entre otras cosas, que se lo eligiera para representar a Chile en esta primera oportunidad en que la Dirección de Asuntos Culturales de la Cancillería decide multiplicar sus esfuerzos con la convicción de que parte de la consabida imagen-país se juega en el campo cultural.
De hecho, para que Navarro tenga estas obras en el pabellón veneciano, la Dirección de Asuntos Culturales del Minrel tuvo que convencer a sus pares productivos -Prochile y su proyecto de Imagen-País- y conseguir financiamiento para la obra de parte de la galería francesa de Iván Navarro -Daniel Templon-, que para América trabaja con Galería Moro.
Luz y acción
La sala está iluminada sólo por las ampolletas que usa Navarro en las esculturas. Es el primer día en que la bienal abre para profesionales del mundo del arte y personas que han viajado hasta allí por trabajo y que llevan horas recorriendo una exposición, se detienen ante las obras del Chilean Pavillion. Escudriñan. Se alejan. Se vuelven a acercar. Leen la escueta información museográfica. "Hay un espejo", dice uno. "Hay muchos espejos", explica otro. "¿Sí?", espabila un tercero.
El montaje es impecable. En una pared de 15 metros de largo, hay 13 puertas metálicas que, gracias a un truco con espejos, proyectan largos pasillos iluminados por ampolletas de neón. Frente a ellas, un hombre pedalea sobre una escultura que está compuesta de una bicicleta que acarrea una silla de tubos de neón. Un video muestra a la escultura de paseo por Nueva York: un hombre pedalea generando energía que enciende la silla, parece un héroe anónimo y solitario enfrentado a la luminosidad de Times Square. Hay una tercera obra: un gran círculo de acero que encierra la palabra "BED" y la multiplica -benditos espejos- hasta un fondo infinito. Como si hubiesen perforado el suelo.
Un juego de espejos abre al infinito una serie de umbrales.
Son piezas hechas con los materiales que Navarro conoce bien: neón, video, espejos, conexiones eléctricas. Elementos que comenzó a explorar en la Escuela de Arte de la Universidad Católica, antes de partir a buscarse la vida a Nueva York, de que consiguiese una galería en Brooklyn y lograse vender sus piezas a importantes coleccionistas.
La muestra que podría cambiar su vida se llama "Umbral" y tiene una banda sonora: "No necesitamos banderas", de Los Prisioneros, cantada por una voz de mujer, Courtney Smith, la mujer de Navarro. Es la canción del video de la bicicleta, pero resuena en todo el pabellón. Navarro dice que le gusta esa canción porque habla de no necesitar ideologías y que con eso dialoga "Bed", la escultura que trata de representar la no cama, el hoyo infinito, la falta de hogar. Navarro dice que lo más chileno de su exposición es esa canción y que él considera que Jorge González es un artista infravalorado. "Para mí, él es un poeta", dice y se explaya sobre las referencias musicales del líder de Los Prisioneros.
Cuando Navarro comienza a explicar por qué la llamó "Umbral", descubre un entramado de referentes y obsesiones. Habla de un disco de los Quilapayún titulado así, donde hay un poema introductorio que habla de las conexiones entre la luz, la esperanza, el desconsuelo y las puertas. Se refiere también a sus esculturas de puertas que no van a ninguna parte y cita a un Bolaño que habla de un silencio literario que se sitúa en el umbral. Termina hablando de los estímulos que no alcanzan una cierta velocidad para producir impulsos nerviosos: "Es la metáfora que plantea 'Resistance': al pedalear los tubos se prenden y se transforma energía muscular en energía eléctrica". Dice que le interesa la idea de umbral, porque representa un momento de origen de la creatividad y la energía. Que ese concepto lo obsesiona, como también lo que tiene ver que con la transformación de la energía, la pérdida de lo irrecuperable. Pero después dice que a él le interesa que sea un trabajo fácil de observar, que lo complejo ya aparecerá en una segunda lectura.
-Hay algo un pocomelancólico en esto.
"Puede ser. Pero mi idea era ir más allá, hacer una obra sobre lo que podría ir más allá. Como ese es un deseo algo imposible, puede ser que quede melancólico".
-¿Por qué te interesa que tus esculturas puedan ser utilizadas?
"Siempre me ha interesado la idea de interacción entre los espectadores y la obra, ver cómo una obra es vulnerable al uso, ver cuándo se borran los límites entre un mueble doméstico y una escultura, por ejemplo, qué pasa allí".
Como él mismo precisa, su invitación es de menor jerarquía que la que recibió Alfredo Jaar en 1986, seleccionado por el curador de la edición para ser parte de la muestra principal. Pero lo de las jerarquías no cuenta tanto ahora que, gracias al ambicioso despliegue del Ministerio de Relaciones Exteriores y a un financiamiento conseguido a ambos lados del océano, Navarro tiene una posición inmejorable. Tras desembolsar medio millón de dólares, Navarro está a pasos de la muestra internacional: para cuando acabe la exposición, los principales curadores, directores de museos, críticos de arte y coleccionistas de arte contemporáneo habrán conocido sus extrañas y cautivantes piezas en neón. De ahí en adelante, todo puede ser distinto para este artista chileno radicado en Nueva York hace una década.
-Se te describe como el sucesor de Alfredo Jaar y de Juan Downey. ¿Lo crees?
"Es que eso de "sucesor" no me hace mucho sentido. Admiro el trabajo de ellos como artistas, pero eso es otra cosa. En todo caso, me siento más cercano a Jaar".
Iván Navarro. Su obra ha generado interés en la prensa y los visitantes.
-Se te presenta también como el artista chileno de "mayor proyección".
"No sé por qué dicen eso -alega, como si le ofendiese. Fue después de que le vendí una obra a Saatchi (afamado coleccionista británico, conocido por haber 'creado' a una generación de artistas ingleses). Desde entonces no hay periodista chileno que no me pregunte por eso, como si fuera tan importante. Hay muchos artistas de mi generación que exponen fuera frecuentemente: Patrick Hamilton, mi hermano (Mario), el Mono Silva. En Nueva York siempre hay alguien exponiendo, pero en un momento les dio con darme bombo a mí y desde entonces no ha parado", dice, ajeno al entusiasmo que provoca su obra y que determinó, entre otras cosas, que se lo eligiera para representar a Chile en esta primera oportunidad en que la Dirección de Asuntos Culturales de la Cancillería decide multiplicar sus esfuerzos con la convicción de que parte de la consabida imagen-país se juega en el campo cultural.
De hecho, para que Navarro tenga estas obras en el pabellón veneciano, la Dirección de Asuntos Culturales del Minrel tuvo que convencer a sus pares productivos -Prochile y su proyecto de Imagen-País- y conseguir financiamiento para la obra de parte de la galería francesa de Iván Navarro -Daniel Templon-, que para América trabaja con Galería Moro.
Luz y acción
La sala está iluminada sólo por las ampolletas que usa Navarro en las esculturas. Es el primer día en que la bienal abre para profesionales del mundo del arte y personas que han viajado hasta allí por trabajo y que llevan horas recorriendo una exposición, se detienen ante las obras del Chilean Pavillion. Escudriñan. Se alejan. Se vuelven a acercar. Leen la escueta información museográfica. "Hay un espejo", dice uno. "Hay muchos espejos", explica otro. "¿Sí?", espabila un tercero.
El montaje es impecable. En una pared de 15 metros de largo, hay 13 puertas metálicas que, gracias a un truco con espejos, proyectan largos pasillos iluminados por ampolletas de neón. Frente a ellas, un hombre pedalea sobre una escultura que está compuesta de una bicicleta que acarrea una silla de tubos de neón. Un video muestra a la escultura de paseo por Nueva York: un hombre pedalea generando energía que enciende la silla, parece un héroe anónimo y solitario enfrentado a la luminosidad de Times Square. Hay una tercera obra: un gran círculo de acero que encierra la palabra "BED" y la multiplica -benditos espejos- hasta un fondo infinito. Como si hubiesen perforado el suelo.
Un juego de espejos abre al infinito una serie de umbrales.
Son piezas hechas con los materiales que Navarro conoce bien: neón, video, espejos, conexiones eléctricas. Elementos que comenzó a explorar en la Escuela de Arte de la Universidad Católica, antes de partir a buscarse la vida a Nueva York, de que consiguiese una galería en Brooklyn y lograse vender sus piezas a importantes coleccionistas.
La muestra que podría cambiar su vida se llama "Umbral" y tiene una banda sonora: "No necesitamos banderas", de Los Prisioneros, cantada por una voz de mujer, Courtney Smith, la mujer de Navarro. Es la canción del video de la bicicleta, pero resuena en todo el pabellón. Navarro dice que le gusta esa canción porque habla de no necesitar ideologías y que con eso dialoga "Bed", la escultura que trata de representar la no cama, el hoyo infinito, la falta de hogar. Navarro dice que lo más chileno de su exposición es esa canción y que él considera que Jorge González es un artista infravalorado. "Para mí, él es un poeta", dice y se explaya sobre las referencias musicales del líder de Los Prisioneros.
Cuando Navarro comienza a explicar por qué la llamó "Umbral", descubre un entramado de referentes y obsesiones. Habla de un disco de los Quilapayún titulado así, donde hay un poema introductorio que habla de las conexiones entre la luz, la esperanza, el desconsuelo y las puertas. Se refiere también a sus esculturas de puertas que no van a ninguna parte y cita a un Bolaño que habla de un silencio literario que se sitúa en el umbral. Termina hablando de los estímulos que no alcanzan una cierta velocidad para producir impulsos nerviosos: "Es la metáfora que plantea 'Resistance': al pedalear los tubos se prenden y se transforma energía muscular en energía eléctrica". Dice que le interesa la idea de umbral, porque representa un momento de origen de la creatividad y la energía. Que ese concepto lo obsesiona, como también lo que tiene ver que con la transformación de la energía, la pérdida de lo irrecuperable. Pero después dice que a él le interesa que sea un trabajo fácil de observar, que lo complejo ya aparecerá en una segunda lectura.
-Hay algo un pocomelancólico en esto.
"Puede ser. Pero mi idea era ir más allá, hacer una obra sobre lo que podría ir más allá. Como ese es un deseo algo imposible, puede ser que quede melancólico".
-¿Por qué te interesa que tus esculturas puedan ser utilizadas?
"Siempre me ha interesado la idea de interacción entre los espectadores y la obra, ver cómo una obra es vulnerable al uso, ver cuándo se borran los límites entre un mueble doméstico y una escultura, por ejemplo, qué pasa allí".

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