ENTREVISTAS
Entrevista al cumplir 40 años de trabajo escultórico: Las búsquedas y desafíos de Mario Irarrázabal
Domingo, 09 de Agosto del 2009
El escultor prepara una exposición inédita en su género: una retrospectiva con casi 200 esculturas, de todas las series que han marcado su carrera. Se podrán apreciar en el Museo de Bellas Artes, a partir del 20 de agosto.
CECILIA VALDÉS URRUTIA
Dentro de algunas días, el espectador que llegue a la sala Matta del Museo Nacional de Bellas Artes se encontrará con un "mar" de esculturas de Mario Irarrázabal. Piezas en torno a temas religiosos, los derechos humanos, el ejercicio y abuso del poder, la mujer y la pareja. Estarán también aquellas bien conocidas, como las manos, los besos, las piernas y las pelvis femeninas y otras más recientes y nunca exhibidas, como "El acuerdo", "Las islas", "Las máscaras" y el "Éxodo", en su última versión.CECILIA VALDÉS URRUTIA
La exposición no seguirá un orden cronológico. "Porque para mí no hay tiempo. Todas las series las retomo y cobran vigencia hoy", afirma Irarrázabal (1940). La retrospectiva, además, no contempla intervenciones: sólo luces, títulos y un breve texto del artista; no obstante cimentarse su obra en profundas experiencias y reflexiones.
Las muchedumbres
En su austera casa-taller, en lo alto de Peñalolén, hasta donde subimos a entrevistarlo, se trabaja afanosamente en pulir las últimas obras monumentales que posiblemente se emplacen en la entrada del Museo de Bellas Artes. En el interior del taller, que asemeja un sorprendente museo personal, aguardan cientos de esculturas pequeñas y medianas. Ya están instaladas sobre plintos, esperando su traslado hacia la exposición.
-Sus vivencias en Praga, Alemania y en Chile en tiempos violentos y conflictivos parecen marcar su obra y uno de sus temas más recurrentes a través del tiempo: las muchedumbres. Esos conjuntos de seres que sufren, atraviesan paredes o se encuentran y que vuelven hoy con fuerza a toda su obra.
"Sí y es lo medular de mi trabajo. Me tocó vivir el totalitarismo más duro de Berlín, antes de Honecker, cuando estaba en la casa de mi maestro, el escultor Waldemar Otto. Le servía de mensajero para su familia, distribuida entre los dos Berlines. También estuve, poco antes de la "Primavera de Praga", con un alemán que luego murió atropellado por un tanque ruso. En mi escultura hay un homenaje constante a esas historias de hombres anónimos que, por su sentido común, buscan hacer volver a la sociedad a una normalidad. Una de mis obras recientes, por ejemplo, "Éxodo III", es una muchedumbre que atraviesa una pared con dolor y sin destruirla".
-Su obra, a diferencia de otros escultores, que parten en la materia, se origina de experiencias, en reflexiones sobre su tiempo. ¿Qué le inquieta hoy?
"Estoy leyendo un libro del pastor luterano y teólogo Von Keffer. Él distingue entre el hombre religioso y el hombre cristiano, que es el que vive para los demás, el que no se queda sólo en las palabras. Ese concepto para mí es tremendamente revolucionario y toma especial sentido en estos seres anónimos, propios de mis muchedumbres. Mi última serie, que redondea todo mi escultura, se enmarca en una etapa reflexiva, que tiene que ver con el sentido de la vida. Y precisamente, la retrospectiva se llama 'Humano', porque lo que me interesa es ayudar a humanizar más el hombre".
-Usted dice que si no logra hacer sentir con una escultura, prefiere no hacerla.
"Sí, por eso destruyo obras, cuando no comunican. La esencia de mi arte es buscar una metáfora y tratar de decir algo; si no, no sirve".
-¿Lo que pretende es conmover?
"Si una obra me interesa o me divierte está bien, pero el objetivo final del arte es conmover. Es lo más profundo y misterioso del arte. La última obra que me conmovió fue 'Cloud Gate' del gran artista indio Anish Kapoor, emplazada en 2004, en el parque Millennium de Chicago: una gran escultura abstracta con forma de globo, de más de 20 metros, en acero, que refleja y envuelve ese lugar".
Medios y miedos
-Al ver sus esculturas reunidas predominan esas figuras delgadísimas, estilizadas a lo Giacometti. ¿Cuál es la influencia que recoge hoy de él y de su antecesor, Wilhelm Lehmbruck ?
"Un aspecto relevante de Giacometti es su gran relación con el existencialismo, con Sartre: se siente en su obra la soledad, algo muy opuesto a lo mío. Pero en las formas me influencia mucho. Parto trabajando igual que él: con unos alambritos, y veo que no es necesario seguir aumentándoles el volumen si ya empiezan a hablar. Le tengo un gran respeto por su búsqueda y por el hecho de que considera que la obra nunca está terminada, lo que me pasa a mí también. En cambio, Lembruck es un expresionista más manierista, potente, pero no me llega".
-¿Cuáles son los principales medios y obstáculos en su búsqueda?
"Una obra tiene que llegar a todos. Lo que se relaciona con que trabaje con recurrencia el bronce, porque si fuera en piedra o madera sería muy difícil de trasladarla y exponerla. Lo otro que produce el bronce es que endurece una forma y la hace definitiva. Pero al mismo tiempo el origen de una pieza en bronce es la greda, que es muy manuable. Me ayuda, aunque tengo que estar siempre pensando en que la figura al ser fundida se va a transformar. Se pone dura y fuerte, y aparece una suerte de frialdad que no molesta y puede ayudar".
-¿Y cuál es su gran desafío estético?
"Hablando en un lenguaje cinematográfico: busco hacer una película, ojalá nueva, bien hecha y con un tema que posea profundidad. Me involucro tanto en el tema que fluye en formas. Pero sucede que a veces no funciona y queda en lo anecdótico. Sufro mucho. Pero sigo, a la vez, muy abierto a nuevos estímulos: me interesan lo enigmático y potente".
Museo y bienales
-¿Qué gran proyecto tiene pendiente?
"Un gran fracaso fue el museo aquí en Peñalolén, que iba a ser con grandes esculturas de color. Fue mal escogido el lugar y se llenó de casas de grandes arquitectos pegadas a las esculturas, con alambradas altísimas".
-Pero ya están listos los planos hechos por Cristián Undurraga para el museo en el Parque San Borja.
"Tuve que aceptar que lo mío es más urbano. El museo estará frente al centro Cultural Gabriela Mistral y la idea es que sea parte del parque San Borja. Estoy topando con la cantidad de esculturas que caben en el exterior. Otra condición que puse es que mi obra se exponga en su conjunto, incluyendo mis archivos y fotos. Los planos del edificio interior abarcan 400 metros y el espacio tendrá obras como 'La Crucifixión', que no me nace ampliarla, porque ya es potente".
-Otras esculturas nacieron grandes, como las "Manos".
"Fueron pensadas para el paisaje en grande. Pero algunas obras surgieron para formato chico, como 'El beso', que hoy se ve muy bien en grande".
-Usted representó a Chile en la Bienal de Venecia, en 1995. ¿Cómo ve la vigencia de la escultura?, porque en las bienales brilla por su ausencia.
"Para Venecia, el proyecto fue llevar lo mejor de la escultura chilena: Assler, Peña, Gajardo, Gazitúa, Irarrázabal... Fracasó por falta de financiamiento. Pero al llegar allí me di cuenta que si hubiéramos montado esa muestra habríamos hecho el ridículo. La Bienal difería completamente en concepciones. En mi caso, se llevó un montaje escultórico de la "Mano" y no una exposición. El público hacía fila para sacarse fotos, mientras no había nadie con escultores famosos como Calatrava.
-¿Le importa mucho involucrar al espectador... ?
"¡Muchísimo! El caso más característico es la 'Mano' de Punta del Este: se transformó en un símbolo. Me encanta que, como en el cine, sea una película para todos. Porque hay personas que saben mucho de técnica y conceptos, pero creo que son los que menos gozan, porque no se dejan conmover".
6 esculturas claves
Mario Irarrázabal escogió especialmente las que considera sus esculturas más representativas (todas aquí en fotos) . "Sin orden cronológico, pues siempre están vigentes", precisa:
"Rito de muerte", 2005. "Es parte de una serie en la que están incluidos los torsos megalíticos, las manos y los ritos. Surgió después de un viaje a Isla de Pascua en 1977, que me hizo pensar la obra en relación con el paisaje y un mundo cultural. El tema es lo primitivo, lo totémico, pues uno finalmente está haciendo un tótem, un objeto".
"Umbral", 2001. "Se relaciona con los tótemes y hay un silencio; un enigma de lo que pasa con esa pareja en la escultura, y lo primitivo de sus rostros".
"Vestido de mujer", 2000, en acero inoxidable. "Quería hacer un contrapunto entre lo erótico y el material. Se plantea la no relación entre el vestido y lo que hay en el interior".
"Juicio", 1968. "Es una de mis primeras esculturas, que empezó a hablar en un lenguaje figurativo. El tema gira en torno a los hombres que se hacen pasar por dioses".
"Dueños", 1972. "Pertenece a mi
temática política, que divido en dos etapas: 'Conflicto' y 'Solución'. En esta obra aparecen quienes abusan y manejan del poder; que también emergen en la serie de los 'Éxodos' ".
"Gran silencio", (2008) que, en la misma temática del "Cubo del encuentro" (emplazado en la Clínica Alemana, 2007) corresponde a mi serie más reflexiva: más meditativa, la del sentido de la vida, que cierra el círculo".

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