Daniela Montecinos

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    Daniela Montecinos
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    Precio Normal $ 1.904.000
    * Precios incluyen IVA
    Descripción: oleo sobre tela
    81 x 130 cm
    2008

    BIOGRAFÍA

    Reseña Artística:
    Luego de mi desarrollo en Chile como artista y docente, llevo un recorrido exponiendo y participando en diferentes proyectos artisticos en Francia desde hace 5 anos, donde he tenido buena acogida del publico y de la critica. Expongo regularmente en forma colectiva e individual, sobretodo en Francia, como tb en Chile y Alemania ; y llevo un trabajo de investigacion pedagogica en dibujo junto a un coreografo.
    Mi trabajo recoge ecos y difunde una comunicacion con lo intimo. Desde la observacion directa, pasando por los caminos de la memoria, nace la obra que se ordena casi siempre, en series. Hay mucho trabajo en dibujo y técnica mixta, y pintura. Y los elementos que se dan cita, son animales, fragmentos de la realidad, muchas veces entrecruzados por el grafismo de las palabras. Los formatos son variables, las series acompanhados siempre por grandes formatos.
    Referentes : WIlliam Kentridge, Miquel Barcelo, Paula Rego.
    Adjunto texto de Pedro Celedon y de Christian Skimao (en francés) :

    « DE SILUETAS Y OLVIDOS »
    Daniela Montecinos
    Galeria Patricia Ready, Santiago de Chile
    Mayo – Julio 2005

    El dibujo y la silueta tienen una larga complicidad en la historia del arte, pero no interesada, estratégica o culpable como las que abundan, sino de aquellas escasas que se enraizan en el origen de un gesto trascendental. El mito griego cuenta que una joven mujer de Corinto (hija de un artesano llamado Butades de Sicion) con un carboncillo y siguiendo la sombra proyectada a la luz de una vela, traza en una pared la silueta de la cabeza de su amante que está a punto de marcharse, para así conservar su imagen, o acaso, como dicta la tradición primitiva también su alma.

    Lo que el mito no cuenta (pero nosotros intuimos) es que la sombra primigenia partió en compañía de su cuerpo, en tanto que la recién nacida se transformo en un territorio potente en el cual coexiste ausencia y presencia. Contener fuerzas antagónicas hizo de inmediato a ese trozo de muro teñido engrosar en capacidad de significados. Carente de detalles individuales, permitió su inmediata extensión generando no solo un nuevo nombre: silueta, sino que además, un nuevo género de expresión, el dibujo.

    Según este relato el dibujo nació intrínsecamente ligado a la nueva experiencia de un territorio intermedio entre el ser y su sombra; Aporta con un continente aparentemente asemántico para un espectador distraído, pero en verdad facilitador de la reinserción del evocado (a) que el creador conoce que habita al final de un largo camino, en el cual lo indiferenciado se transforma en individuación.

    La fuerza de esta unión primordial es (tal vez) la culpable de que una y otra vez la silueta aparezca en la pintura, el grabado o el dibujo de tantos artistas que componen la cadena del arte occidental, sin estar ausente en la escultura a través de obras todavía en fases de digestión intelectual como son “Los esclavos” de Miguel Angel.
    De similar inspiración parecen ser las feroces siluetas que nos dejó en herencia Goya en su etapa más dolida y profunda, como también aquellos barcos de Turner que al incendiarse (literalmente enmarcados) en un cielo crepuscular, se transforman en esbozos monocromáticos (qué, sino siluetas?)

    A nuestro entender la silueta no es sombra y nunca ha pretendido serlo. Es la señalización suspendida en el espacio de un algo que no logra concretarse, ni diluirse del todo. Induce pero no individualiza al aludido(a). Evoca desapariciones, fantasmas, exterminios, memorias borroneadas por el tiempo o el interés de una época. Es un recuerdo que persiste indefinido, anónimo, y en ello solidariamente colectivo.
    Su status de rango inferior a la forma, no nos convence. No es una preforma, ni el residuo de ella. Existe en si, para si, y a pesar de si, acogiendo el dolor como lo entendieron los artistas nacionales que han aportado con una gama importante de siluetas que pueblan papeles, cartones y telas, aludiendo a heridas que la dictadura dejaba. Entre otras, esta las siluetas realizadas por Gracia Barrios, José Balmes, Guillermo Núñez y Benito Rojo, teniendo en común la levedad fantasmal del reclamo por el cuerpo de alguna persona brutalmente desaparecida en medio de los días mas amargos de la historia del Chile contemporáneo.

    Pero las siluetas no solo han sabido acoger el dolor, sino que también a otras emociones lejanas de lo “sombrío”, como es el ensimismamiento del andar contemporáneo de un caminante de Giacometti; los graciosos gestos de un canto a la alegría realizados en los estudios para el “Ballet Etrange Farandole” de un Matisse que luego, via recortes, sabrá llevar a otras obras; también la perplejidad tiene cabida en la silueta, como lo comprobó Jérôme Mesnager instalando sus “hombres blancos” en las principales capitales de Europa. Están también los vitales bailarines urbanos de Raphael Gray y finalmente en este recordatorio, la rabia convocadora a la acción de las siluetas negras a tamaño natural, con que Richard Hambleton invadía las calles de Nueva York a fines de los ochenta.
    Todos estos ejemplos son sin duda primos hermanos de la narrativa que aquí nos convoca. La obra reciente de Daniela Montecinos viene indudablemente a aportar un eslabón más a la fértil cadena en la cual dibujo y silueta se reactivan mutuamente.

    Para escudriñar en su propuesta, no es indiferente el hecho de conocer que su producción esta contextual izada en una poética alimentada de su nomadismo reciente por ciudades del sur de Francia. Tampoco lo es que su presentación contemple dibujos en diferentes formatos, papeles y técnicas: podemos apreciar obras que surgen del carboncillo, del polvo de carbón aplicado con pinceles, de monocopias recicladas que operan de fondos o de siluetas al ser cortadas a mano.

    El evidente eclecticismo que los materiales ponen en escena, hace eco directo de las evocaciones que nos propone su temática a través de figuras ancestrales de religiosidad evidente, citas a cuadros o fotografías contemporáneas, personajes y animales de la vida cotidiana, e incluso fragmentos de textos de canciones populares y de los poemas de a argentina Mercedes Roffé.

    EL conjunto sin embargo no apela a una ferviente anarquía, por el contrario, su atmósfera remarca una verbalizacion posible a conjugar: la precariedad, cristalizada en la imagen de las siluetas.

    A través de una iconografía persistente que se desplaza de un trabajo a otro, crea un verdadero códice que narra historias de precariedades en las que animales y hombres se sumergen, al borde de la historia, al limite des sus vidas: evocaciones de quiltros (perros) callejeros; de soldados en acción; de prisioneros vejados; de niños en juegos furtivos. Todo un universo de siluetas capturado por el dibujo hasta crear un conjunto en donde lo efímero (el olvido) reina.

    A modo de contraste y en diversos estadios de figuración, el dibujo de dioses ancestrales genera el contrapunto narrando un horizonte cultural asentado en la memoria de la humanidad. Diosas paleolíticas y ritos precolombinos vienen a construir un territorio contrario al olvido, y con ello surge una especie de dialéctica reactivadora de la memoria. Un gesto que a todas luces se enfrenta a la fragilidad de la pérdida, de lo efímero, del accidente.

    La obra de Daniela Montecinos surge para asentar un estadio en donde la identidad es convocada, para tal vez, al igual que en el mito griego aludido, construir un espacio en donde retener las almas salvaguardándolas del apetito voraz del olvido.


    Catalogo de presentación
    Pedro Celedón
    Director Escuela de Arte
    Universidad Católica de Chile
    Abril 2005


    Exposition Daniela Montecinos
    Galerie de la Salamandre
    3, place de la Salamandre
    30000 Nîmes T. 04.66.76.23.90.
    Du 3 au 25 octobre 2008

    Une nostalgie cultivée

    Fernando Pessoa disait : « Ma patrie est la langue portugaise ». Pour Daniela Montecinos, artiste chilienne, naviguant dans le monde, son langage est la peinture. Mais que peindre face à un sentiment extrême du manque, ce dernier se trouvant être paradoxalement l’un des moteurs de son travail. D’une blessure, l’acte du « faire » s’accomplit au travers d’œuvres. Elles mettent en scène l’errance au travers d’une figuration maîtrisée et cultivée. Des chiens errants accompagnés de textes de poètes comme Javier Bello se disputent avec de grandes toiles aux couleurs passées, fanées devrait-on dire, qui se réfèrent indirectement à l’immense œuvre picturale de Max Beckmann. Le triptyque de « Départ » (1932-33) apporterait alors un certain éclairage sur l’approche picturale de Montecinos. Comme un lointain écho d’une situation, posée à l’aune d’un réel disparu, lieu de tous les leurres et de toutes les illusions.

    En revenant sur une autre thématique, celle des couronnes, proches de celles de l’enfance, du tirage des rois lors de la galette de l’Epiphanie, on entre de plain-pied dans un territoire interdit aux autres, celui du souvenir personnel. Et que représentent ces chaussures, celles d’une femme « aux semelles de vent » ou encore une référence aux souliers peints par Van Gogh et dont l’analyse faite par Heidegger et Schapiro a relancé celle de Derrida. Citons le : « Vont-elles rester là, déposées, laissées à l’abandon, délaissées ? » Chaussures d’enfants, d’hommes et de femmes, trilogie qui nous ramènerait une fois encore au triptyque. On pourrait établir sa peinture sous le vocable allemand de « Sehnsucht », qui peut aussi bien se traduire par désir et nostalgie. Ce désir ardent et souvent douloureux que l’on trouverait dans le vocable tchèque « stesk » qui donne son nom à l’exposition.

    Que de langues pour parler de peinture. Que de textes qui eux aussi offrent, à leur tour, une couronne, peinte et / où feinte au spectateur. D’un art visuel marqué par le sceau brûlant de l’urgence se dresse le tableau d’une mise en scène de l’impalpable. Sentiments mêlés à l’encontre de mondes enfouis, ressurgissant grâce à une figuration savante, Daniela Montecinos brouille les pistes et nous embarque pour des destinations si proches et si lointaines. Humaines, trop humaines.



    Christian Skimao

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