Atmósfera de soledad en Galería Artespacio: Lo último de Ricardo Yrarrázaval
Lunes, 30 de Agosto del 2010
WALDEMAR SOMMER
Entorno neutro, íntimo, el del segundo piso de Galería Artespacio. El más adecuado para la atmósfera de soledad, de buceo existencial dentro de sí mismo que emana de los cuadros últimos -sobre todo 2010- de Ricardo Yrarrázaval. Ahora el ser humano es protagonista único. La imagen del hombre solitario que, por más que suela hallarse en compañía -duplicado, triplicado o emparejado- resulta siempre el mismo y sin comunicación con la o las figuras vecinas. Tampoco, cuando se agrega la corporeidad femenina. Así, muy predominante, la presencia del varón se concreta ya como cabeza, medio cuerpo, cuerpo entero. En todo momento aparece, además, anónima, arquetípica, con algo de robot confeccionado en serie, despojada del menor asomo narrativo y en la que cualquier vestigio de individualidad resulta despersonalizada por una muy delgada cubierta textil. Esta verdadera piel artificial nace de un empleo diestro del "frottage" -frotamiento plano sobre un relieve regular- con pastel, produciendo aquí círculos y, en especial, finísimas rectas paralelas. Asimismo, esa estrecha vestimenta tiende a anular los signos de diferenciación sexual. Ello ocurre hasta en los ocasionales desnudos de varón y mujer, que emergen sin cabeza.
Entorno neutro, íntimo, el del segundo piso de Galería Artespacio. El más adecuado para la atmósfera de soledad, de buceo existencial dentro de sí mismo que emana de los cuadros últimos -sobre todo 2010- de Ricardo Yrarrázaval. Ahora el ser humano es protagonista único. La imagen del hombre solitario que, por más que suela hallarse en compañía -duplicado, triplicado o emparejado- resulta siempre el mismo y sin comunicación con la o las figuras vecinas. Tampoco, cuando se agrega la corporeidad femenina. Así, muy predominante, la presencia del varón se concreta ya como cabeza, medio cuerpo, cuerpo entero. En todo momento aparece, además, anónima, arquetípica, con algo de robot confeccionado en serie, despojada del menor asomo narrativo y en la que cualquier vestigio de individualidad resulta despersonalizada por una muy delgada cubierta textil. Esta verdadera piel artificial nace de un empleo diestro del "frottage" -frotamiento plano sobre un relieve regular- con pastel, produciendo aquí círculos y, en especial, finísimas rectas paralelas. Asimismo, esa estrecha vestimenta tiende a anular los signos de diferenciación sexual. Ello ocurre hasta en los ocasionales desnudos de varón y mujer, que emergen sin cabeza.
Colección Mac Kellar: Gran regalo para las Condes
Domingo, 22 de Agosto del 2010
Waldemar Sommer
Sensibilidad estética, experiencia, intuición de un chileno, cualidades a las que se suma generosidad para hacer que una magnífica colección de pintura pase al dominio público. Hechos de esta clase no resultan frecuentes en nuestra patria. Es que la donación (en gestión) de la importante colección de Ricardo Mac Kellar a la Corporación Cultural de Las Condes constituye el mejor aporte privado a la celebración del Bicentenario nacional; y el más contundente ejemplo para otros coleccionistas. Hoy día tienen los santiaguinos la oportunidad de conocer una amplia selección de esos cuadros. Se exhiben en el piso principal de la corporación municipal beneficiada. Si bien unas pocas telas se han mostrado antes en retrospectivas diversas, mayoritariamente se convierten en una novedad para el público. Por otro lado, en una pequeña sala de Las Condes, el montaje ha tenido el talento de reconstruir, mediante fotografía, el salón quillotano donde colgaba buena parte de la colección. Ahí, sobre la reproducción fotográfica y en el sitio exacto, luce el propio lienzo correspondiente: uno de los retratos de Óscar Trepte. Para comenzar, digamos que este último pintor, Pedro Luna, Enriqueta Petit y, probablemente, José Tomás Errázuriz se convierten en adalides del conjunto.
Sensibilidad estética, experiencia, intuición de un chileno, cualidades a las que se suma generosidad para hacer que una magnífica colección de pintura pase al dominio público. Hechos de esta clase no resultan frecuentes en nuestra patria. Es que la donación (en gestión) de la importante colección de Ricardo Mac Kellar a la Corporación Cultural de Las Condes constituye el mejor aporte privado a la celebración del Bicentenario nacional; y el más contundente ejemplo para otros coleccionistas. Hoy día tienen los santiaguinos la oportunidad de conocer una amplia selección de esos cuadros. Se exhiben en el piso principal de la corporación municipal beneficiada. Si bien unas pocas telas se han mostrado antes en retrospectivas diversas, mayoritariamente se convierten en una novedad para el público. Por otro lado, en una pequeña sala de Las Condes, el montaje ha tenido el talento de reconstruir, mediante fotografía, el salón quillotano donde colgaba buena parte de la colección. Ahí, sobre la reproducción fotográfica y en el sitio exacto, luce el propio lienzo correspondiente: uno de los retratos de Óscar Trepte. Para comenzar, digamos que este último pintor, Pedro Luna, Enriqueta Petit y, probablemente, José Tomás Errázuriz se convierten en adalides del conjunto.
Para pasar Agosto Varias exposiciones detallan originales propuestas
Domingo, 15 de Agosto del 2010
Waldemar Sommer
Siempre consiguen convencer las propuestas de Patrick Steeger. Hoy día, en la sala principal de Galería Animal, nos entrega grabados y esculturas. Mayoritariamente se trata más bien de una consistente aleación de xilografías de relieve delicado con sutiles volúmenes en madera tallada. Predomina una coloración que recuerda la del siglo XVIII: blancos, dorados, el cromatismo natural del leño. Sobre esa base se despliegan un par de suntuosas pilastras plenamente escultóricas y una serie de marcos exquisitamente trabajados. Estos últimos, aunque unos pocos están vacíos, encierran xilografías, Ellas, abstractas, definen esbeltas y bien proporcionadas ornamentaciones. Se traducen en blancos arabescos redondeados que suelen contrastarse, apenas, con un fondo ocre muy claro y verdoso. Semejantes ornamentaciones tienden a coincidir, de lejos, con los contornos lineales de las fantasías en plasticina de Magdalena Atria.
Siempre consiguen convencer las propuestas de Patrick Steeger. Hoy día, en la sala principal de Galería Animal, nos entrega grabados y esculturas. Mayoritariamente se trata más bien de una consistente aleación de xilografías de relieve delicado con sutiles volúmenes en madera tallada. Predomina una coloración que recuerda la del siglo XVIII: blancos, dorados, el cromatismo natural del leño. Sobre esa base se despliegan un par de suntuosas pilastras plenamente escultóricas y una serie de marcos exquisitamente trabajados. Estos últimos, aunque unos pocos están vacíos, encierran xilografías, Ellas, abstractas, definen esbeltas y bien proporcionadas ornamentaciones. Se traducen en blancos arabescos redondeados que suelen contrastarse, apenas, con un fondo ocre muy claro y verdoso. Semejantes ornamentaciones tienden a coincidir, de lejos, con los contornos lineales de las fantasías en plasticina de Magdalena Atria.
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